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93Pág.Escritores Ethel Saavedra García

 

—Me lo hubieras dicho antes.  

Carlos que estaba a su lado se rascaba la cabeza y empezó a caminar por todo el sitio, diciendo: 

—Mejor no hubiéramos comprado eso, tan caro y mira los líos en que estamos, una vez más, no sé por qué te hice caso. 
—Cállate que no me dejas escuchar las instrucciones que me dice Josefina, le contestó Carmen. 

Y Josefina seguía dándole instrucciones a ella, quien menos entendía, pero a todo le iba diciendo que sí y Carlos regañándola decía:  

— ¡Pero cómo se te ocurre decirle que sí, ahí estás quieta sin hacer nada, así no vas a aprender nunca!  

Carmen sentó a su esposo y le pasó el teléfono para que atendiera las explicaciones, mientras ella iba a la cocina a tomarse una pastilla para el dolor en las articulaciones, hasta que él le dijo a Josefina: 

—Pásame a Juan para que me explique:

Cuando Juan pasó al teléfono, Carlos le dijo:

—Mi mujer me hizo comprar un computador porque estábamos desactualizados y yo de zoquete, le hice caso y ahora no tengo ni idea cómo es que busco aquí todas esas muchachas jovencitas y desnudas que tanto comentan ustedes que encuentran.
— ¿Y ahora qué hago, no puedes venir para que me indiques cómo es que aparecen ellas? 
—Okey, dime cuándo voy y te explico.

Carlos con voz fuerte sin tapar la bocina del teléfono, le preguntó a Carmen cuál era la tarde que ella tenía programada para ir con sus amigas a llevar la comunión a los enfermos. Él volvió al teléfono y dijo muy bajo.

 —Juan, vente el próximo martes, aquí te espero con unas cervecitas…

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