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70 Pág. Abuela Xanino Los cuentos de la Abuela Xanino

 

El encargado de comunicar el acontecimiento a los habitantes del Jardín fue el Alguacil Don Erithacus que era un petirrojo con una bonita voz y aquella mañana se puso la boina de trabajar, sacó la trompeta que tenía guardada en el cajón y cuando llegó al centro del Jardín, ¡tutuuuut!, leyó el Bando:

—"De parte del Señor Alcaldeee que es el caracol Don Tadeooo, se han compradooo unos peces de coloreeees para el estanque. Todos los ciudadanoooos pueden acercarse a verlos, y está permitidooooo, alimentarloooos con miguitas de pan."

Volvió a tocar la trompeta ¡tutuuuut! y se marchó a su casa porque ya había terminado su trabajo.

Los días eran largos porque ya se había cambiado la hora y por las tardes cuando los papás y las mamás salían de trabajar, se iban a pasear con los niños por el jardín y era todo muy divertido. Unos se subían al tobogán, otros patinaban, otros se montaban en los columpios y mientras los papás charlaban de lo difícil que se estaban poniendo las cosas en el mundo, las mamás se explicaban cómo hacer comidas nuevas y donde comprar las cosas más baratas que no era precisamente en la tienda "Todo es un chollo"  del topillo Pytimi.

Aquella tarde estaba Milagritos hablando con la Abubilla Felicitas que estaba muy guapa porque se había hecho la permanente en la peluquería de la Alondra Doña Copete y también estaba con ellas la Lagartija Trapisondas que ya sabéis no se perdía una, siempre con su cámara de fotos colgada del cuello por si acaso... y que llevaba puesto un gorrito de lana de color rosa porque tenía un catarro primaveral de aquí te espero y no quería enfriarse pues las noches todavía eran fresquitas, aunque la verdad era que no le favorecía nada el color rosa con el tono verdoso de su piel... pero bueno..., eso es igual.

En esas estaban, charla que te charla, cuando apareció la Coneja Señorita Priscilla paseando por el jardín ¡montada en una bicicleta! ¡¡¡Buenooo¡¡¡ La verdad es que Milagritos se puso un poco verde de envidia y lo primero que pensó fue en ir a comprarse una, ella también. Pero cuando se lo dijo al Caracol Tadeo, éste le contestó: