Nadie sabía qué hacer, Milagritos seguía con el “glu-glu” mientras subía y bajaba del agua. Los niños lloraban asustados y los moscardones policías llamaron por sus radios a los escarabajos bomberos para que vinieran a ayudarlos y cuando ya todos se creían que aquello terminaba pero que muy mal, al Topillo Pitymy se le ocurrió una idea.
Fue a su tienda y corriendo volvió con un cazamariposas muy bonito que lo vendía a 50 céntimos de Euro para pescar a la Babosa Milagritos que echaba más agua por la boca que toda la que había en el estanque.
La llevaron deprisa al Hospital y allí le encontraron un brazo roto, una torcedura en el tobillo y llena de pequeños mordisquitos de los peces de colores. ¡Y no veáis los pelos que se le pusieron! ¡Madre, madre! La pobrecita lloraba más que nunca y menos mal que Tadeo, la cogió entre sus brazos y dándole besitos le dijo:
—¡Que no te preocupes, Milagritos, que yo te quiero mucho y no me importa que estés con esos pelos! Pero es que debes tener más cuidado porque siempre acabas en remojo como un garbanzo...
Bueno, al final todo acabó bien, Milagritos volvió escayolada a su casa, Trapisondas hizo fotos y un editorial que tituló: “Desgracia en el jardín de Milagritos, sin consecuencias funestas”, que ocupaba dos páginas de la Revista “Dimes y Diretes” además de que, en la portada se veía el patinete hecho una chatarra y a Milagritos volando por los aires derechita al estanque.
Cuando a la semana siguiente salieron a pasear toda la familia, Milagritos que todavía llevaba el brazo en cabestrillo y muletas, al ver otra vez a la señorita Priscilla con su bici, pensó que sería mejor y más seguro comprarse un coche. Y ya empezó a buscar una escuela donde pudiera aprender a conducir... ¡Madre mía... Si es que esta Milagritos no para...!
Bueno... ya veremos qué pasa, otro día lo explico ¡eh! que me voy a la peluquería. ¡¡¡Adiooos!!!
…¡Ah! ¡Que me he comprado una moto la mar de chula…!
¡Uy… cómo me vea la Milagritos se muere de envidia…!
Hasta el próximo mes amiguitooooos…