Por fin, después de mucho deliberar, decidieron hacer una fiesta fenomenal en el Jardín de Milagritos el día que la condecoraron a ella y a la Hormiga Cabezagrande por aquel acto de solidaridad que habían tenido con la Oruga Doña Pelitos. ¡Bueno, bueno, cómo se pusieron de guapas! La Babosa Milagritos se puso ¡una pamela! Tan grande que casi no se la veía y cuando llegó el momento de prender la medalla, el Alcalde de la Urbanización de al lado, que era un Mirlo un poco viejo y un poco cegatón que se llamaba Don Amarilis y que había ido a presidir el Acto porque en el Jardín de Milagritos todavía no tenían Alcalde, le colocó la medalla en el primer sitio que encontró y que era la pamela enorme que Milagritos llevaba en la cabeza. Pero lo grave no fue eso sino lo que pasó después. La historia se estuvo comentando toda la semana en el jardín y se acabaron todas la ediciones de la Revista "Dimes y Diretes".
Resulta que Milagritos que quería ser la más guapa de la fiesta, se quiso calzar sus zapatos de tacón de aguja y como estaba un poco gorda no le quedaban demasiado bien y andaba un poco patizamba, el caso es que, a pesar de que su marido el Caracol Tadeo cuando la vio, le dijo:
—Milagritoooos, con esos tacones te vas a pegar un morrón y vamos a tener que llamar al Samur para que te lleve en una ambulancia al Hospital.
A Milagritos que siempre le gustaba hacer su santa voluntad, no le hizo caso a Tadeo y cuando daba la vuelta después de ser condecorada y todos estaban aplaudiendo, entre que con las alas de la pamela apenas veía, los tacones que parecían unos zancos no la dejaban andar con soltura y que sólo pensaba en sonreír y estar la mar de guapa, al ir a sentarse en su silla, no calculó bien la distancia del escalón de la tarima y allá se fue toda ella enterita a besar el suelo. La pamela salió rodando por un lado, la medalla la tuvieron que buscar entre todos y, al final, la encontró la Abubilla Felicitas, en la rama de un cerezo confundida entre los frutos. Los zapatos de tacón quedaron hechos un desastre; un tacón roto y el otro clavado en la tierra que no había quien lo sacara.