En la penumbra de la sala, la figura reposando sobre el sillón permanecía inmóvil, ahora con la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás, como dormitando. La maciza hoja de la puerta a sus espaldas se separó imperceptiblemente del marco por un instante. La sinuosa danza de las llamas apenas acusó la sutil aparición de una corriente de aire en su errático vaivén.
Una resuelta sombra ágil se deslizó atravesando la estancia hacia el respaldo del asiento en completo silencio. La agradable melodía de un tema de Béla Bartók se escuchaba de fondo. Con la eficiencia propia de un buen profesional, la sombra alzó velozmente su brazo derecho, prolongado en su extremo por el arma con silenciador, hacia la cabeza apoyada en el respaldo.
Dos detonaciones apagadas, casi simultáneas, se escucharon un instante antes que aquel extraño, innatural, hueco chasquido de quebradura. El cráneo del maniquí voló secamente en múltiples pedazos de rígido material plástico. Casi en seguida, congelando la mueca de sorpresa en el rostro del sicario, un sólo disparo certero, sin ninguna amortiguación, reverberó detrás del intruso en la virginal quietud de aquella tarde de invierno.
Pudo sentir una vez más el familiar cosquilleo interior que la descarga de adrenalina producía en su sangre. Gori Basiliev por fin tendría la oportunidad de alterar un poco la inactividad de su rutina. Cavar una fosa en tierra helada no era tarea menor...

**Para seguir el trabajo de Don Fobio, le anexamos los enlaces donde escribe:
http://www.letrasyalgomas.com/forum
http://literaturadefogon.blogspot.com/