RESUMEN.
En el número anterior hablamos en esta sección de la concesión de los Premios Nobel. Como una segunda parte parece inevitable traer ahora a esta sección a uno de los protagonistas de esos premios en el año 2010: el grafeno. Por supuesto que las verdaderas estrellas son los premiados, Andre Geim y Konstantin Novoselov, pero es seguro que dentro de unos años uniremos la palabra “grafeno” a nuestro vocabulario científico, de forma similar a como ahora hablamos de “silicio”, y habremos olvidado el nombre de esos dos científicos de origen ruso. Introduciremos en lo que sigue este material, indicaremos algunas de sus propiedades, y presentaremos algunas de sus aplicaciones futuras.
EL GRAFENO.
Cuando escribimos con un lápiz, la ligera presión que hacemos sobre el papel provoca que cientos de capas microscópicas del “carbón” del lápiz sean arrancadas y queden atrapadas entre las fibras de celulosa que forman el papel. Con más o menos fortuna conseguimos que esos restos ahí depositados sean interpretables, e incluso algunos consiguen que esos restos digan algo interesante. Y no debemos tomar a broma eso de que es difícil escribir algo que sea de interés, dado que se fabrican 18 mil millones de lápices por año, es decir 500 por segundo. Por tanto, es mucho el uso que se le da a esta instrumento. Si se quiere otro dato “alucinante” sepa que con un solo lápiz de dureza media se podría trazar una línea de unos 56 km.

Grafito