Nací allá por el año 1965 en Badajoz, Extremadura. Mi vida trascurre en un pueblo de la provincia llamado Los Santos de Maimona. Regento un pequeño supermercado. Tengo la sana costumbre de escribir desde pequeño, uno de mis primeros ligues era una poetisa en potencia, no nos veíamos, no salíamos juntos, pero a través de mi hermana, que estaba en su misma clase, nos enviábamos miles de notas de amor, con corazones pintados en las esquinas, poemas empalagosos pero llenos de sentimiento, hasta que un final de curso, recibí una nota que decía algo así como, no me escribas mas, estoy saliendo con otro. Le envié el último con el alma destrozada, ya se sabe, los primeros amores son los que te marcan. Después tras el paso de los días me convertí en un fiel seguidor de las teorías del che Guevara, teníamos 12 años, tres amigos componíamos proclamas izquierdistas en una España que poco a poco se iba transformando en democrática, alabábamos al guerrillero argentino en su lucha por la justicia social, con escritos y poemas que solo leíamos nosotros y le poníamos unas notas con una guitarra que mi padre consiguió en una tómbola de la feria. Con esa guitarra, aprendí lo que es hoy mi gran afición, la música.
Luego los estudios, la mili y la incorporación laboral, el matrimonio, los hijo/as, convirtieron a mis musas en meras espectadoras de el transcurrir de mis días, la poesía dio paso a las facturas, los biberones, los planos de la casa, los planos de la compañía de telefonía para la que trabajaba, en fin rutina y mas rutina, la inspiración brillaba por su ausencia. Tras este periodo un accidente de trafico cambio de nuevo mi vida, meses de recuperación dieron paso a un cambio laboral, y en ese trayecto apareció lo que todo el mundo conoce hoy como Internet. Los Chat, los foros y las páginas Web dieron paso a que pudiera conocer a personas a lo largo de todo el planeta, aparecían en tu vida sin moverte de la silla, sin tener que desplazarte, sin mover un solo músculo.
¿Falsas amistades?, ¿vidas inventadas? No lo sé. Pero a mí me dio pie a volver a escribir y a disfrutar de la composición, -mándame algo tuyo-, -te enviare algo mío-, -lee esto que compuse ayer a ver que te parece-, en fin gente que leía aquello que escribías y que daba su opinión sincera o no, sobre aquello que publicabas en la red. Ahora no escribía mucho, algún que otro poema cuando andaba nostálgico, unas frases como proyecto de lo que podía ser un libro, ideas sueltas de relatos que se convertían en carne de papelera, hasta que una amiga a la que le encanta la lectura y escribir, me animo de nuevo a volver a hacerlo, comencé enviándole poemas que ella leía y criticaba, hasta que una mañana del mes de marzo en facebook apareció la pagina de quieroquemeleas.com, entré como lector y tras un par de días me decidí a escribir.