Al principio nos dedicamos a realizar emboscadas a todas las partidas de guardias civiles que custodiaban el lugar donde nos encontrábamos, tras enterarnos de que la invasión a través del Valle de Aran había fracasado y que la mayoría de nosotros estaban muertos o habían sido encarcelados, que no sé que era peor. Nos dedicamos a subsistir.
Tras un tiempo en Portugal viviendo de lo que podía, decidí volver a España, por supuesto no podía volver a Los Santos, ya que en cuanto pisara el pueblo sabía que mi destino era la cárcel más cercana, así que me decidí por el norte, más concretamente Asturias.
Trabajé de minero, buhonero, descargando bultos en el puerto, siempre con papeles falsos y con la mosca detrás de la oreja, huyendo de cualquier enfrentamiento con la policía y tratando simplemente de vivir. ¿Debería haber hecho más por intentar cambiar el sistema? Quizás, pero estaba cansado de pelear, de luchar, de disparar, así que me dediqué a mis cosas y a mi persona.
-Abuelo, ¿por qué dejaste la lucha?, ¿no crees que era bueno intentar por todos los medios pelear por un país libre?
-La verdad, es que en un principio como antes te dije, solo me dediqué a mí, necesitaba un tiempo para intentar rehacer mi vida. Pero no tengas prisa, déjame que te vaya contando.
-Tras mi periplo por Asturias, y siempre pensando en no ser arrestado, me mudé a Cataluña. Allí me instalé en la costa, concretamente en Lloret de mar, un poblado de la costa brava gerundense. Por aquel entonces, era un pueblecito de pescadores, que se iba trasformando poco a poco en lo que es hoy. El turismo fue visto por los gobernantes de la época como la gallina de los huevos de oro y los hoteles, restaurantes y lugares de ocio, comenzaron a nacer como setas por todos sitios. Encontré trabajo de albañil y definitivamente pensé que aquel era mi sitio.
Una tarde de domingo, sí… no me mires con esos ojos extrañado, antes se trabajaba sin descanso, no había sindicatos, ni 40 horas, ni pagas, ni nada de nada. Los jóvenes de ahora creéis que todo esto del derecho del trabajador, nació de la nada, que está ahí desde siempre, pero estáis muy equivocados. Costó muchas muertes, sudores y lágrimas que fuéramos respetados y tomados en consideración.
Bueno como te iba explicando, una tarde salí a pasear por la costa, me encantaba el mar. Me descalzaba y caminaba por su orilla, dejando que las olas rozaran mis pies, no pensaba en nada, era un dejarme llevar por el tiempo, no necesitaba más diversión que esa. En uno de esos largos paseos, conocí a tu abuela.