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Algo que contar
por ZeltiaG
Chile apostó al 33 y ganó
 
 

La cápsula lucía orgullosa los colores de la bandera chilena, blanco, azul y rojo, y además, en la parte blanca de la cápsula se ha pintado la bandera chilena. En su interior, en la parte superior, disponía ocho tubos pequeños de oxígeno, una cámara de televisión con opción de giro de  360º; un micrófono y una mascarilla de oxígeno que los mineros podrían usar en caso de alguna dificultar respiratoria.

También lleva en sus costados ocho ruedas flexibles, cuatro al final de la parte superior y las cuatro restantes en la parte inferior. Una vez ubicado el minero en posición, en el interior de la cabina, se deberán colocar el casco, con los audífonos y el micrófono inalámbrico; lentes especiales que filtran toda intensidad de luz; arnés de cinco puntas, que los fijaba a la cápsula; cinturón biométrico, traje térmico impermeable, pero que permite salir la transpiración. Llevaban las piernas vendadas, para evitar  posibles trombosis y calcetines con fibra de cobre. Durante el ascenso el cinturón transmitía cualquier cambio en la frecuencia cardíaca y respiratoria a la terminal de la superficie, donde un equipo médico monitorizaba cada detalle del pasajero de la cápsula.

Una vez llegado a la superficie, era recibido por el cuerpo de rescatistas, médicos, ambulancias, familiares y por supuesto, el presidente que no se perdió la oportunidad de estrechar a cada hombre que iba saliendo.

De esta experiencia, se han recogido muchísimas cosas positivas, una de ellas es que la fortaleza de estos hombres, ha sido un hermoso ejemplo de trabajo en equipo, como cada uno asumió su rol y permitieron dejarse organizar por el que podría asegurarles un día más con vida: Luis Urzúa (Don Lucho), el jefe de turno, quién terminó siendo el jefe natural. Apenas cayó la primera avalancha tuvo el temple de organizarlos y ponerlos a resguardo. Los formó en grupos, racionó la comida y el resto acató sus órdenes sin chistar. Este hombre, huérfano desde los 10 años que tuvo que velar como cabeza de familia de sus seis hermanos pequeños. Por propia experiencia sabía organizar, dar órdenes, sabía cómo sobrevivir.

Luis Alberto Urzúa Iribarren, será recordado por algo más que uno de los mineros atrapados. Este topógrafo de 54 años, fue el último de los mineros en salir. Como cualquier capitán de un barco que se va a pique, fue quién abandonó último la mina, convirtiéndolo en el minero que más tiempo ha pasado bajo tierra  en la historia: 70 días, lo que lo colocaría en el libro Guinness de los records con lo que eso atañe. Creo que para sus compañeros y el pueblo chileno, será recordado como todo un héroe.

 
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