Ascanio Sobrero (1812-1888), químico italiano, había descubierto la nitroglicerina. Su cara llena de cicatrices, desde los 28 años, era la prueba inequívoca de la peligrosidad de este explosivo. Pensaba que la nitroglicerina era demasiado peligrosa como para llegar a tener una utilidad práctica y confesó que "cuando pienso en todas las víctimas que murieron en explosiones de nitroglicerina, y los terribles estragos que causó, y que posiblemente continuarán ocurriendo en el futuro, me hace sentir avergonzado de admitir que es mi descubrimiento".
Sin embargo, dado el enorme poder de este explosivo era lógico el interés por conseguir “domesticarlo”. A esta tarea se entregó la empresa química de la familia Nobel consiguiendo en 1867 un explosivo plástico resultante de absorber la nitroglicerina en un material sólido poroso, con lo que se reducían los riesgos de accidente. El nuevo material recibió el nombre de dinamita. No obstante el precio que tuvo que pagar fue enorme: numerosas explosiones accidentales y la muerte de su propio hermano Emil (y a otras cuatro personas).

Medalla Nobel |
Alfred Nobel creó otros explosivos como la gelignita (1875) o la balistita (1887). Nobel patentó todos sus inventos y fundó compañías para fabricarlos y comercializarlos desde 1865 (primero en Estocolmo y Hamburgo, luego también en Nueva York y San Francisco). Sus productos fueron de enorme importancia para la construcción, la minería y la ingeniería, pero también para la industria militar (para la cual habían sido expresamente diseñados algunos de ellos, como la balistita o pólvora sin humo); con ellos puso los cimientos de una fortuna, que acrecentó con la inversión en pozos de petróleo en el Cáucaso.
Por todo ello, Nobel acumuló una enorme riqueza, pero también un cierto complejo de culpa por el mal y la destrucción que sus inventos pudieran haber causado a la Humanidad en los campos de batalla. La combinación de ambas razones se dice [1] que le llevó a legar su fortuna a una fundación -la Fundación Nobel, creada en 1900, cuatro años después de su muerte- con el encargo de otorgar una serie de premios anuales a las personas que más hubieran hecho en beneficio de la Humanidad en los terrenos de la Física, la Química, la Medicina, la Literatura y la Paz. En 1968, el Banco de Suecia decidió añadir el sexto premio dedicado a Economía, que viene siendo entregado anualmente desde 1969.
EL TESTAMENTO DE ALFRED NOBEL:
La creación de los Premios Nobel son una consecuencia del testamento [2] del químico sueco: